
En tiempos de fabricación en serie y con fecha de caducidad, de productos industriales
de usar y tirar y de impresoras 3d que replican piezas reales de forma sistemática, la artesanía y las obras individualizadas, con sello personal, con sabor y aroma a madera, lino, cuero,
piedra o lana de oveja, son convertidas en piezas de museo… y non solo porque acaben
expuestas entre las colecciones etnográficas de instituciones y organismos que
velan por preservar nuestras señas de identidad como pueblo y nuestro patrimonio, sino porque es precisamente a esos
objetos a los que reservamos invariablemente un lugar privilegiado en nuestra casa, en nuestra
vida… y en nuestros corazones... ese jersey calcetado por tu madre, la cesta de mimbre de las patatas o el mueble
torneado por manos expertas, que llevan las huellas del trabajo manual de sus
creadores, son los que siempre preservamos de cambios y sobreviven a mudanzas… Entiendo que es porque reconocemos la importancia de la tradición y de las cosas hechas a mano que
de alguna forma nos definen, cuentan cómo y de dónde somos.