O tempo xusto de desfacerte da carteira, saudar e coller ao voo o bocadillo... non pasaran nin 5 minutos e xa arelabas saír da casa de novo para xogar, si, esas cousas que antes faciamos os cativos cos amigos, en lugares perigosísimos como a horta máis próxima, a vía do tren ou o descampado de turno, onde experimentabamos algo tan saudable como a liberdade, os desexos de sentir, de arriscar, sen medo a nada, para iso eramos nenos... A tarde noite remataba sempre no recuncho preferido dos portais, hoxe case permanentemente pechados, murchas reliquias daquel tempo no que eran un dos nosos ‘redutos’ para o xogo, as trastadas, a descuberta, os soños compartidos, os risos irreverentes, os trémulos bicos, os temores... Sen play, nin tablets, nin móbiles, nin internet..., daquela a vida extendíase moito máis aló dunha pantalla para voar onde a imaxinación [e as pernas :)] nos levasen, coa complicidade de pais e nais desnaturalizados que non nos consideraban o centro do universo e cedíannos unha autonomía de movementos para medrarmos sen a supervisión constante e cronometrada minuto a minuto, sen ese exceso de protección e permisividade que produce seres un tanto narcisistas e inseguros e con escasa tolerancia perante a frustración ou a dor.
Soy Ovidio Aldegunde, profesional de la fotografía de industria, publicidad, arte, moda, paisaje, arquitectura, social, retrato, concepto... Este blog contiene tanto fotos que son fruto de trabajos personales como resultado de mi actividad profesional. Algunas están a la venta. Además dispongo de un amplio catálogo de fotografías de todo tipo. Si estás interesado/a en alguna o en realizar un reportaje inédito contacta conmigo en: ovidioaldegunde@gmail.com o en el teléfono 619345000.
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lunes, 19 de junio de 2017
viernes, 13 de julio de 2012
Postales de verano
Hay visiones que cada año nos devuelven al tiempo con sabor a cerezas, a salitre, a mar… cuando los meses parecían no tener fin y eran el día y la noche, el sol y las estrellas y no el reloj, los guardianes de las horas... interminables, azules, eternas... las tardes de playa, inolvidables, hasta que se ponía el sol y llegaban luego los juegos, las canciones, las risas... Cada verano procuro recuperar parte de esos momentos, es terapéutico en medio de tantos malos augurios y desesperanzas, ahora que el tiempo tiene ya otras dimensiones, me gusta vivir a cámara lenta esos grandes placeres cotidianos todavía al alcance de la mano: el paseo demorado por senderos y caminos en los que, año tras año, siguen brotando las mismas flores de nuestra infancia. La humedad, el sol y la fertilidad prodigiosa de esta tierra obran el milagro en forma de una amalgama de herbáceas, colores, frutos y olores que componen esta primera serie de postales de verano que hoy os muestro, éstas con sabor a hierba.
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