Hace unos días varios medios publicaron que, según algunos investigadores, fue la momia de un guerrero peruano, extraída hace 130 años en Amazonas, la que inspiró "El grito", del inclasificable Edvard Munch. El pintor asegura sin embargo en las notas de su cuaderno que esta figura con la boca abierta que se tapa los oídos bajo un psicodélico cielo rojizo es producto de una experiencia personal:
"Caminaba con dos amigos por la carretera; entonces se puso el sol. De repente el cielo se volvió de color sangre y me sobrevino un sentimiento de tristeza, un angustioso dolor me oprimía el pecho; me detuve y me apoyé en la barandilla, increíblemente cansado… Sentí el grito inmenso e infinito de la naturaleza…"
A mí nunca me ha importado en exceso el origen de uno de los iconos de nuestro tiempo, para mí la obra expresionista más inquietante, que quise versionar también, por aquello de que quizás copiando a los genios algo se pegue...
El de mi foto es un "Grito de mujer", de cualquier tiempo, ante un mundo que hace oídos sordos a su súplica y sigue hablando de sexos en lugar de personas.
