miércoles, 7 de octubre de 2015

Habitando lo cotidiano


De vez en cuando me permito el lujo de obviar ese dualismo entre ocio y negocio que impide percibir nuestras actividades ordinarias como procesos creativos, y me entrego a la observación y 
captura de fugaces movimientos de lo común, del día a día más 'doméstico'. Sombras, a veces suaves, otras extremas, en transformación, con diferentes tonalidades, que anuncian el paso gradual, lento, de la luz a la oscuridad... Sombras convertidas en mucho más que ausencia de luz: entre la zona más oscura [umbra], la que habita entre luz y sombra [penumbra] o la región más clara [antumbra] sobrevive un mundo de formas, profundidades, texturas que aportan contenido y refuerzan la presencia de lo fotografiado. Porque conociendo las sombras descubres los secretos de la luz. Ese universo de pequeñas grandes cosas, de seres que lo habitan, de escenas momentáneas captadas con trazos rápidos o más detenidos, sombras insinuadas unas veces, proyectándose tras una densidad dispersa otras, que a poco que las observas y descifras, muestran toda su belleza poética.









lunes, 7 de septiembre de 2015

reencontrARTE




A idea de engaiolar a animais e expoñelos sempre me pareceu amoral e impropia de seres civilizados e en harmonía co medio, así que converter unha paxareira nun espazo aberto, de creación, onde flúe a arte ao aire libre para achegala á cidadanía e sen máis límite que o propio talento dos artistas que interveñen, seméllame máis que plausible, mesmo un símbolo dun tempo novo para Ferrol.  
Cristina e Rut converteron unha gaiola de cristal e o seu fermoso contorno en espazo de expresión, de reivindicación a través da danza, coa marabillosa complicidade dos habitantes dunha cidade que aspira a ser viva, luminosa, sensible, humana... con todos os seres que a habitan e a conforman. O camiño da revalorización dos artistas nos espazos públicos como o máis democrático dos escenarios non fai máis que comezar.


















miércoles, 5 de agosto de 2015

Instante eterno


Cuando el acto de comer ha alcanzado la categoría de rito que no solo ha de proporcionar agradables sensaciones gustativas sino que se espera de él la emoción, la vivencia de experiencias únicas que nos acompañen siempre y que pasen a formar parte de nuestros recuerdos vitales, os podéis imaginar que el nivel de exigencia para todo el equipo humano implicado es altísimo, e incluye, felizmente y una vez más, a este humilde fotógrafo que se lo pasa pipa viviendo muy de cerca intensos momentos de trabajo duro y creatividad... En definitiva, quién no ha querido alguna vez detener el tiempo, atrapar ese momento fugaz que inunda de placer nuestros sentidos... la cámara se convierte entonces en una extensión de uno mismo y parece obrar el milagro: lo pasajero, evanescente, fugaz… mudado de alguna forma en inmortal. Es la esencia de la fotografía, pero tratándose además de cocina, una de las artes efímeras por excelencia, no exagero cuando os digo que cada segundo es decisivo… el 'objeto artístico' en cuestión, o sea, el plato, se caracteriza por su 'no permanencia', por su carácter perecedero y transitorio, y por lo tanto ha de ser atrapado inmediatamente, sin pausa y con precisión para que todo el largo proceso de elaboración que hay detrás no se vaya al garete, cada uno de sus componentes conserve su esencia y se plasmen todas las sensaciones, texturas, tonos, contrastes que el cocinero ha concebido y ha incluido en su 'obra' y finalmente, que estas imágenes generen deseos, recuerdos, instantes eternos … incluso antes de haberlos vivido... he ahí la magia.  







[Fotografías realizadas en Retiro da Costiña, restaurante con estrella Michelin y dos soles Repsol, asociado a Grupo Nove]

sábado, 6 de junio de 2015

Por culpa de Strand


Tras el ritmo frenético de un día cualquiera, araño minutos para llenarlos con caminos mil veces asumidos, descifrados, transitados por pies cansados y ojos ávidos de revelaciones, espacios vividos de una sutileza casi aérea...  Lugares de sombras y luces, señalados por el tiempo, presentes y ausentes a la vez, como instantes de nuestra propia vida, lugares lejanos pero siempre presentes, en nuestra memoria, en nuestras manos... Espacios que son más de lo que dicen, micromundos cargados de verdad, de poesía y de silencios que mi cámara y yo intuimos eternos.







En un campo
soy la ausencia
de campo. 

Siempre
sucede así. 

Dondequiera que esté
soy aquello que falta. 

Si camino
parto el aire
mas siempre
vuelve el aire
a llenar los espacios
donde mi cuerpo estuvo.

Todos tenemos razones
para movernos: 
yo me muevo
por mantener
enteras las cosas.

Mark Strand, 1964