
Curtido en mil batallas y otros tantos oficios, Santos sintió hace ya muchos años que su sitio estaba en su tierra, y de ella obtiene todo lo necesario para vivir. Con esfuerzo, humor y muchas dosis de ironía hace frente a las dificultades, y como los grandes hombres, Santos valora las cosas importantes: las sonrisas y los saludos demorados, la familia, la amistad, la lluvia purificadora y el sol de la mañana.
Santos no es Redford, ni falta que le hace, no necesita susurrarle a su caballo, con sólo una mirada Rubio se convierte en una extensión de su dueño, en sus piernas y en sus brazos, y juntos surcan la tierra para obtener sus frutos… juntos, como hace millones de años... juntos reviviendo la imagen mítica del más bello animal ligado al ser más inteligente, y juntos haciendo historia desde el principio de los tiempos.