Aprendimos del
maestro Le Corbusier, entre otras cosas, que “la arquitectura puede ser
entendida como el sabio y elegante juego de los volúmenes expuestos a la luz”… El uso consciente de la luz sobre los volúmenes arquitectónicos les aporta
intensidad, teatralidad, introduce dramatismo en las formas... la iluminación
escenográfica es una poderosa herramienta para transportar al espectador a las
emociones, cambiando rotundamente el espacio y nuestras percepciones: lo
invisible se hace visible, y al contrario, la luz puede darnos la sensación de
que la superficie pierde su materialidad y se convierte en algo incorpóreo y
etéreo, como el aire…

